martes, 16 de febrero de 2010

La perfección de Halong Bay y descontrol en alta mar

Día 110
Halong Bay

Uno de los momentos más esperados en todo Vietnam: la bahía Halong (Vinh Ha Long), con sus 1499 isletas (según dice la leyenda es un coletazo del dragón celestial del emperador de Jade), en unos 4000 kilómetros cuadrados, una de las grandes maravillas naturales, principales escondites de los Viet Minh en la guerra contra EEUU. Todo rodeado de agua y naturaleza… y turistas, claro.

A las 7:30 nos recogió un minibús después de desayunar. Ese desayuno nos salió gratis porque lo negociamos con el precio para el viaje a Halong Bay, jeje. El desayuno con la cantarina loca, por supuesto, alegrándonos la mañana. El minibús era muy funcional, pero nos llevó bien.


3 horas y media hasta Halong City, con una parada en un tienda donde venden souvenirs, pero mucho más caros. Llegada al puerto de Halong y una buena vista con todos los barquitos ahí esperando.


Nosotros, ya advertidos, fuimos a comprar fuera algo para el viaje. Hay que pensar que las comidas están incluidas, pero no las bebidas, ni siquiera el agua. Por otro lado, todas las bebidas que lleves están sujetas a un impuesto “revolucionario” según las leyes de Halong Bay. Eso quiere decir: todo es 5 veces más caro dentro del barco, pero como no hay nada más, te jodes. Si vas de listo y traes tus bebidas, nos pagas un canon y te jodes. ¿Está suficientemente claro?


Pero nosotros somos unos tirados, y eso equivale a tener la clase suficiente para que no te pillen. Así, nos cargamos de cosillas, incluyendo un par de botellas de vino (ya abiertas, claro); media de Vodka Hanoi, para compartir con nuestros nuevos amigos, Vang (un australiano de origen vietnamita), Tony (un australiano aborigen) y Alex (un canadiense); algunos refrescos y muchísima agua. También algo para picar, unas galletas y unas patatas, por si acaso.

Empezábamos a ver los barquitos y se nos ponían los pelos de punta.



Además, teníamos la preciosa vista del “rey” de la zona: el águila. Toda la bahía está repleta de águilas que van volando y zambulléndose en el agua para cazar peces.


Por fin nuestro barco, un VIP.


La mayoría son bastante parecidos.



Excepto los de cruceros.


Pasamos el puente de Halong City y empezamos a navegar de verdad.







Nos sirvieron la comida, que estaba bastante bien. Tocaba asignar los cuartos y con quién iba a dormir la gente. A nosotros, gracias al anillo de casados y a echarle un poco cara, la suite Luna de Miel, que se diferencia por tener lavabo privado (solamente un 40% tienen) y por estar al final de barco en la primera planta, por lo que puedes más privacidad y mejor vista.



A Luciano le tocó una compañera japonesa (quizás era luchadora de Sumo, por su volumen), pero hubo un cambio por ahí extraño, y le pusieron con un chinito local. Aún así, sus cosas de valor estaban en nuestro cuarto, por si las moscas. La verdad es que no nos ha pasado nada, pero somos bastante desconfiados y eso nos hace ser muy precavidos, casi paranoicos.

Desde la azotea, con las hamacas la vista era genial.






Y nosotros por ahí haciendo el zopenco para posar.



Llegamos a la primera parada: las cuevas ‘Sorpresa’. Según el guía, se llaman así porque las descubrió un francés, y al verlas se quedó “sorprendido”. Ya sabéis cómo son estos guías de hoy en día, jeje.



Hay que pensar que estamos en temporada baja, y aún así hay gente. Hemos visto fotos en verano y da verdadero asco, con un 80% más de barcos. ¿Podéis imaginarlo?


Las cuevas son básicamente estalactitas y estalagmitas, pero tienen el techo retocado con cemento porque aquí se escondían torpedos de los Viet Minh que destrozan los cazas norteamericanos y como no sabían dónde estaban, se encargaron de bombardear todo lo posible.






Después llega el fumado del guía y te empieza a decir que mires dónde está el Buda, el Elefante, el camión y el balón de fútbol, como siempre. Aquí, los pies colgantes del gigante.


La única que yo pude interpretar fue ésta. ¿Alguien sabe qué puede ser? :DD


Nos hicimos unas fotos desde arriba, con una vista muy chula.




De camino al barco, compramos más agua, porque nos habíamos quedado cortos, y unas cervecillas. Aquí los proveedores, un barquito, con madre e hija. La niña más estafadora de todo Halong me imagino, pero pudimos con ella, jeje.


Volvimos a cargar provisiones, porque la noche prometía laaaaaaaarga… La gente de nuestro barco solamente compraba al vernos comprar a nosotros. Eso sí, para evitar suspicacias, entramos en el barquito con todo escondido, directos a la habitación.


Segunda parada: kayaking por las aguas verdes. Cambio de ropa para poder mojarlos y bajar a la aldea flotante.


Elena tenía bastante frío, de ahí que se comprase esa nueva chaqueta lila tan chula y tan barata :P No montó. Lucho y yo sí, animados de las cervecitas se navega mejor.

Al agua, a nadar, aunque los kayaks no están muy preparados y son reciclados (son gratis para los turistas)… van fatal.



Tuvimos la mala suerte de encontrarnos al mismo barquito al que le habíamos comprado al salir de la cueva algunas bebidas, pero en alta mar, y de camino a algún sitio. Nos acercamos hasta ellas y les pedimos una cerveza para cada uno, pero tenían que abrírnosla. El problema llegó cuando nos las dio y le dijimos que para cobrarlas tenía que ir donde los kayaks, buscar a una chica rubia o esperarnos 30 media :DD Teníamos intención de pagar, de verdad, estaba todo pactado, hasta propina.

Pues así visitamos una playita, una cueva, con nuestro kayak y nuestra cervecita. Vimos a nuestras amigas inglesas, que se desconcertaban “¿dónde está el bar?”, como todos los que nos veían. El contrapunto es que llenar el depósito obliga a vaciarlo, parada en una playita, para ‘bañarnos’. ¡Joder, el agua estaba muy, muy calentita! (No seáis mal pensados, asquerosos).

Pues bueno, los últimos en llegar, a esperar el tráfico acumulado, que bordeamos para entrar por detrás y adelantar a todos :DD


De vuelta al barco, ducha calentita… Ejem, ejem… calentita, calentita, digamos que no era completamente helada, pero los huevecillos se escondían en el culo… Nada, siguiente actividad, beber Coca-Cola Light y pescar de noche. ¿Por qué Coca-Cola Light? Pues porque la rellenábamos de vino, ¿eh?


Hora de cenar. No tan bueno como la comida, algo cortito, pero bueno.


Y llega la celebración. Tenemos cosillas para beber y casi nadie tiene. El vino vale más caro que en Botafumeiro, la gente se tira a la cerveza. También tenemos el Vodka Hanoi, que amablemente compartimos con nuestros colegas a cambio de cervezas y Fantas :DD Nos llamaron alguna vez la atención por las 'happy fanta' pero, al fin y al cabo, estamos en un país comunista, ¿verdad?

Con poco que hacer nos pusimos a jugar a las cartas, sin apuestas grandes. El que perdía pagaba una ronda. Como era unos pipiolos, era fácil y no pagamos ni una.


Aunque llegó el momento conflictivo, nos quedamos sin bebida, estábamos animados y la tripulación se había ido a dormir… ¿Qué hacer? Involuntariamente, cogimos una caja de latas de cerveza y la subimos de la cocina para dejarla bajo una hamaca (¡qué bien escondida estaba la cajita, coño! – es una ironía, por si acaso) en la azotea. Nos bebimos la mitad… El pobre Tony, que se había ido a acostar algo tocado, vio pasar por su puerta a dos desaprensivos llevando una caja. Él pensó que había bebido mucho y estaba flipando…

Por fin, hora de sonar y, sobre todo, dejar de hacer ruido, que con el cachondeo estábamos liando la de Dios, jaja. Bonita noche al menos...


(La foto es para quedarme con vosotros, por si no os dais cuenta)

Control de Gastos:
- Desayuno: 100000 VND (3,92 €)
- Ropa: 300000 VND (11,76 €)
- Bebidas: 340000 VND (13,32 €)
- Halong Bay Tour: 1748000 VND (68,51 €)

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